Lo mejor de nuestro viaje

Lo mejor de nuestro viaje

A la vuelta del viaje, todo el mundo pregunta lo mismo: ¿Qué es lo que más os ha gustado?

Es difícil elegir un único momento, una única ciudad o un único paisaje. Estados Unidos es un país que hay que conocer en su conjunto. Su tamaño y diversidad hace que cada zona tenga algo de interés. Sin embargo, lo que más nos sorprendió fue Arizona en general. Supongo que ambos nos esperábamos un paisaje desértico, habitantes poco abiertos y en el Gran Cañón esperábamos ver un gigantesco terraplén con un río al fondo. Nada más lejos de la realidad, el paisaje lo forman cadenas montañosas de formas y colores increíbles. La gente es abierta y simpática, acostumbrada al turismo pero de una forma modesta. Existen suficientes pueblos a lo largo de sus carreteras (todas por las que circulamos de buena calidad), mercadillos navajos, hoteles de todas las categorías, campings, etc.

El Gran Cañón es un parque inmenso con un fenómeno natural que todo el mundo debería poder ver una vez en la vida. Está considerado como una de las maravillas naturales del mundo y con razón. El cañón fue creado por el río Colorado, cuyo cauce socavó el terreno durante millones de años. Tiene unos 446 km de longitud, cuenta con cordilleras de entre 6 a 29 km de anchura y alcanza profundidades de más de 1.600 m. Cerca de 2.000 millones de años de la historia de la Tierra han quedado expuestos mientras el río Colorado y sus tributarios o afluentes cortaban capa tras capa de sedimento al mismo tiempo que la meseta del Colorado se elevaba.

Existen un montón de miradores. Todos son impresionantes, algunos están muy frecuentados, pero otros permiten disfrutar del cañón prácticamente en soledad. Además, existen rutas a pie, en coche (no sirve cualquiera), y excursiones en lancha, helicóptero y avioneta. Estoy seguro de que cualquiera de ellas vale la pena y permitirán disfrutarlo desde distintas perspectivas. En un viaje concreto habrá que elegir la que más se ajuste a intereses, precios, ruta y tiempo disponible.

Nosotros ya hemos apuntado para una próxima visita: nos apetece verlo desde abajo, probablemente una excursión en lancha y el Skywalk. Se trata de un mirador que sobresale del borde del cañón con el suelo de cristal.

Además del Cañón, Arizona ofrece muchos otros puntos de interés, algunos pudimos verlos y otros han quedado pendientes para la próxima visita. Es muy recomendable pasar unos días disfrutando de las actividades que ofrece Page y el Lago Powell. Existen en total 25 parques y monumentos nacionales. Tiene, además, un buen número de ciudades y pueblos encantadores como Williams o Sedona.

En resumen, Arizona ofrece por sí misma suficientes destinos y entretenimientos como para ser objeto de un viaje en exclusiva.

Fin de vacaciones

Bueno, esta entrada la escribo ya desde casa. Resumiendo, la vuelta ha sido agotadora. Ha tenido dos partes, la primera a toda prisa, y la segunda muy lenta.

Ayer por la mañana nos levantamos temprano para cerrar las maletas, recoger el coche del parking, hacer el checkout del hotel y despedirnos de la playa, que nunca se sabe cuánto tiempo pasará hasta que volvamos a verla. Ya con el tiempo justo hacemos el camino en coche al aeropuerto y no conseguimos encontrar una gasolinera, no hay problema, al devolver el coche en la terminal de Herz del aeropuerto, nos cobran 17 dólares en concepto de la gasolina que le falta al depósito. Después nos ofrecen un autobús que nos lleva a la terminal de Continental para coger el avión.

La siguiente barrera la encontramos al facturar el equipaje. El sistema informático se cae una y otra vez sin permitirnos imprimir las etiquetas de las maletas. Mientras, tenemos tiempo de pesar tranquilamente las maletas, una pesa 54 libras y la otra 43. Si no conseguimos que ninguna supere las 51 libras nos cobrarán 50 dólarés de sobrepeso. Así que cambiamos de maleta un par de vaqueros y unos botes de cosmética e higiene. Resultado: la maleta grande pesa 50 libras y la pequeña 47. Al final nos imprimen las etiquetas de las maletas manualmente, eso sí, las facturamos con destino Madrid aunque hacemos escala en NY. Ya sólo quedan 45 minutos para que salga el avión.

Pasamos el control de policía con registro de mochila incluido, compramos un café para desayunar y vamos directos a la puerta de embarque. Siguiente problema: retraso de casi 3 horas por problemas metereológicos en Chicago (aeropuerto de origen del avión que cogeríamos). Finalmente, el retraso en embarcar se queda en una hora y media. Después, problemas mecánicos (parece ser que un agujero en el fuselaje cerca del depósito de carburante), nos retrasamos una hora más en salir.

Unas 6 horas de vuelo después llegamos a Nueva York. Con solo 30 minutos para coger el siguiente avión, cuando habíamos previsto una tranquila escala de 3 horas. Por suerte, se retrasa 30 minutos más y podemos coger el avión y nuestras maletas también. Algunos de nuestros compañeros de vuelo no tienen tanta suerte y pierden sus conexiones. Como conclusión sacamos, como siempre, que el trasporte aéreo es el que causa más frustraciones a los usuarios: retrasos, esperas, traslados desde las ciudades a los aeropuertos, falta de seriedad de las compañías y gestoras de aeropuertos; son algunas de las causas de dichas frustraciones.

Por delante nos queda recoger las maletas, quedar con familia y amigos, poner innumerables lavadoras, hacer la compra de reabastecimiento y recuperarnos del jetlag. Todo esto mientras nos lamentamos de lo cerca que está la vuelta al trabajo. Sin embargo, la experiencia, siempre compensa.

Santa Mónica Beach

Santa Mónica Beach

Ya se acerca el final de nuestro Road Trip. En Santa Mónica pensábamos descansar un poco antes de volver y disfrutar de sol y playa. Sólo vamos a estar dos noches. El hotel elegido es el Fairmont Miramar, un 4 estrellas situado en la parte derecha del famoso Pier con el parque de atracciones. Al llegar, todo son amabiliades: ante el contratiempo de que la habitación no estaba lista nos ofrecen una bebida gratuíta en el bar junto a la piscina y la posibilidad de conectarnos gratis a internet. Lo cierto es que tuvimos que esperar como media hora y después nos habían subido el equipaje. La habitación tiene unas estupendas vistas desde la terraza de la playa y el Pier, gracias en parte a tratarse de una planta 7.

La primera tarde nos acercamos al Pier pasando por Pomenade Street (la calle peatonal con tiendas caras). Nos sorprende la cantidad de vagabundos con sus carritos llenos de cosas.

Al día siguiente alquilamos un par de bicis en la playa para ir hasta Venice Beach. El paseo marítimo tiene un carril bici de 35 millas, aunque no creo que recorrieramos más de 5. Venice es como en las películas, llena de hippies y mendigos con carabanas, tiendas de campaña y puestos callejeros. Por el paseo de bicis, vemos la Muscle Beach (gimnasio al aire libre), gente jugando al baloncesto, al paddel, patinando y haciendo surf. La playa es alucinante, tanto por las olas como por el tamañano. Es muy recomendable embadurnarse de protector solar, si no, preguntad a Laura por sus hombros y espalda…

Después de comer nos bajamos a disfrutar de la arena, las olas y el mar. El ambiente en la playa es bueno, lleno de gente tomando el sol y muchas familias. Además, está lleno de vigilantes de la playa y de baños y duchas. Un poco más tarde nos fuimos a la piscina del hotel y terminamos cenando en la Pomenade Street, que, además de tiendas, tiene un montón de restaurantes de todos los tipos.

Lo siguiente será devolver el coche en el aeropuerto e iniciar un largo viaje hasta Madrid haciendo escala en Nueva York. Nos vemos en casa!!!

Las Vegas last stop

Las Vegas last stop

La siguiente parada de nuestro viaje nos lleva de nuevo hasta Las Vegas. Ya habíamos decidido alojarnos en otro hotel. El primero era el más moderno (el Encore) y esta vez vamos a probar un clásico: el Bellagio. Es famoso por su espectáculo de fuentes, luces y sonido que ofrece a los transeuntes de la Strip y los que se alojan en los hoteles de los alrededores en una altura adecuada.

Este hotel también nos parece impresionante. El ambiente era un poco menos juvenil y un poco menos hortera (aunque sin dejar de serlo). En este caso, la habitación, también de lujo, sólo encontramos la pega de que todo parece un poco viejo. Probablemente tengan habitaciones reformadas, pero no tuvimos esa suerte. Lo cierto, es que tenía unas vistas espectaculares de las fuentes y de la torre Eiffel y del Arco del Triunfo que decoran el Hotel Paris.

Esta vez sólo íbamos a estar una noche, por lo que nos dio tiempo a hacer menos cosas. Aún así, nos registramos como jugadores del casino, terminaron de desplumarnos las tragaperras, visitamos todos los restaurantes para elegir uno para cenar y recorrimos todas las tiendas. Nos hicimos fotos con la gigantesca fuente de chocolate de la pastelería y vimos el espectáculo de las fuentes desde la habitáción.

Ya por la mañana dimos un paseo en coche por toda la strip, desde el centro hasta el sur viendo los demás hoteles. La siguiente etapa nos llevaría hasta Los Ángeles y teníamos unos 450 kilómetros por delante. Eso sí, por una carretera excepcional.

Una de las paradas del camino la hicimos en un pueblo que tiene un local dedicado a los Ovnis del Área 51 y vende toda clase de productos del desierto (Jerky, cientos de salsas picantes y frutos secos) presentados por los propios ovnis. Por lo menos, fue entretenido mientras estirábamos un poco las piernas.

Llegamos a comer a las afueras de Los Ángeles, paramos en un pueblo que podría ser como Las Rozas para Madrid. En el centro comercial había un restaurante estupendo de comida americana: una hamburguesa con todo (cuando van 4 preguntas de la camarera, siempre contesto que con todo please), unos aros de cebolla, una ensalada gigante con pollo a la parrilla y todas las bebidas con los refill incluídos por 35 dólares.

Poco después entramos en Los Ángeles. Al principio parece una ciudad fea y descuidada, con casas bajas y mal ambiente en las calles. Pero la última parte de nuestro recorrido nos lleva a Beberly Hills y Rodeo Drive: aquí el ambiente es diferente. Todo esta lleno de deportivos y Prius conducidos por cacatúas.

La impresionante Arizona

La impresionante Arizona

Después de dos días de luces, música y gente en cada esquina, comenzamos el viaje en dirección al Gran Cañón pasando por la presa Hoover. En esta ocasión la carretera fue muy buena durante todo el día, siempre con varios carriles y mejores velocidades máximas.

Por las proximidades de la presa Hoover, la circulación se vuelve más lenta, debido a un control de policía que filtra el acceso por la carretera. Suponemos que se trata de un objetivo terrorista y de ahí que la protejan. Pasada la presa hay varios miradores que permiten aparcar para verla tranquilamente. También organizan visitas por los interiores para conocer su funcionamiento, pero no tenemos tiempo.

Paramos para comer en Williams, un pintoresco pueblecito que vive gracias a la histórica Ruta 66. La comida fue una típica hamburguesa americana y medio pollo asado. Unos cuantos kilómetros más allá (…) llegamos al Parque Nacional del Grand Canyon. Nos reciben los ya habituales Rangers que nos piden el acceso o cobran por ello. Entramos sin problemas con el que ya llevábamos.

El Cañón nos impresionó. El paisaje es espectacular. Se trata de uno de esos lugares en el mundo que hay que ver. Nosotros llegamos hasta él por la orilla sur (South Rimm) y recorrimos (con el coche) toda la parte sur llegando hasta el este. Cada pocos kilómetros hay un mirador con posibilidad de aparcar el coche. Algunos están al pie de la carretera, para otros hay que andar unos metros.


Después continuamos la carretera en dirección a Page. Se trata de un pueblo Navajo famoso por los lagos que le rodean y las maravillas naturales que ha provocado el aire, el agua y la arena en su paisaje, como el Grand Canyon, el Antilope Canyon o el Horse Shoe Bend. En Page nos alojamos en el Holliday Inn Express. Se trata de un hotel de unas 3 estrellas, similar en calidad al de Mammoth Lakes, modesto y pequeño pero limpio y con todos los servicios, incluyendo piscina.

Por la mañana, hicimos la excursión (ya la teníamos reservada) que organizan varias agencias de Navajos para enseñarte el Antilope Canyon. Es un cañón sin río, cuyo suelo es de arena fina y las paredes están moldeadas por el aire y el agua. Según cuentan de vez en cuando se produce una inundación que se lleva la arena del fondo y modifica la estructura de las paredes. Mientras, el viento va trayendo la arena del exterior entre una inundación y la siguiente. Durante nuestra visita, claramente fue uno de los días en los que trabaja el viento llevando la arena (polvo) por todas partes, incluyendo nuestros pulmones.

Después de la excursión, continuamos por nuestra cuenta buscando algún punto de interés en el cauce del río, cerca de Powell Lake. El más destacable es el de Horse Shoe Bend, se trata de un espectacular meandro que hace el río, podéis verlo en la foto. El único inconveniente es que no se puede acceder acceder en coche, sólo andando, en lo que parece una travesía interminable por el desierto. En esta ocasión pensamos que teníamos que haber hecho caso el consejo de mi abuela y haber comprado un revólver para poder defendernos de las serpientes (como en las películas del oeste).

Finalmente, emprenderíamos el viaje de vuelta a Las Vegas por el norte del Cañón, bordeando Utah.