Ahora que ya he vuelto al trabajo me apetece recordar las vacaciones. Desde el principio tuve claro que quería ir a la playa. Me parece que los niños pequeños (y no tan pequeños) disfrutan mucho del agua y de la arena. Aunque que a mí me pueda parecer más limpia la piscina de mi casa, lo cierto es que es bastante menos estresante estar con la peque en el mar. Puedo sentarme tranquilamente con ella en la orilla, sin el temor a que se me tire al fondo, puede correr con más libertad y hay muchas más actividades y juegos con los que pasar el tiempo.

Otra de las cosas que también tenía clara, era que quería estar cerca de la playa, primera línea para ser exactos. Así, en caso de necesidad podría subir al apartamento y volver a bajar y no tendría que llevar ni sillas, ni medio campamento a cuestas. Además, en mi caso, con la bomba de insulina me resultaba muy cómodo dejarla en casa para que no se recalentase. Al estar a tiro de piedra no había problema si me subía el azúcar, tardaba menos de 5 minutos en subir y ponerme un bolo corrector.

Elegimos un destino conocido para no arriesgar. En esta ocasión fuimos a Calpe. He estado allí muchas veces. Primero con mi amiga Susana, que tiene allí un apartamento, después con Juapa y ahora con Evita y mis padres. Nos gusta mucho el ambiente familiar de la zona del pueblo y la playa del arenal. Miramos varios apartamentos y hoteles y finalmente nos decantamos por el edificio Vistabella de Calpestabili.
Nos gustó mucho porque era muy nuevo y destacaba por sus calidades y acabados. No era ni mucho menos la opción más barata, pero como compartíamos gastos con mis padres pudimos permitirnos el lujo. Nos alojamos en una planta 7 y las vistas eran realmente excepcionales. Desde nuestra habitación, tumbados sobre la cama veíamos el mar. Por la noche, nos dormíamos con el sonido de las olas (y algún que otro petardo, que por esa zona tienen debilidad…). Además, como no había carretera entre el apartamento y la arena, había menos ruidos. Era de lo más agradable salir a recorrer el paseo marítimo dejando a Eva correr a sus anchas y asomarse a la terraza por las tardes y noches.

Como Eva tiene unos horarios muy marcados comíamos siempre en casa. A las 12 subíamos de la playa y después de comer se echaba una buena siesta. Aprovechamos las noches para salir a cenar fuera. Nos gustó especialmente la mariscada que nos tomamos en el restaurante El Carro I junto al puerto y las pizzas del restaurante Pizzería Mama Leone en la calle Blasco Ibáñez. Repetimos varias veces de lo ricas que estaban. Comíamos los 5 por 35 euros, increíble. De los restaurantes del paseo marítimo me gustaría destacar el Restaurante Capri por su atención y calidad. Nos sorprendió, porque no es de los que más invitan a entrar por su apariencia. Parece quizá un poco más restaurante y menos chiringuito, que es lo que pega más en la orilla, pero nos trataron tan bien y estaba todo tan rico que sin duda la próxima vez que volvamos a Calpe lo visitaremos de nuevo.

LECCIONES APRENDIDAS

Soy definitivamente una mamá playera, pero eso no significa que pueda pasarme un mes entero en el mar. De hecho lo que comenzó siendo una escapada de 10-15 días, se quedó en 8 porque estábamos los 3 reventados (dejamos a mis padres que disfrutaran sólos el resto de la estancia). La próxima vez como mucho pillaría 10 días, pero como los apartamentos los alquilan por quincenas, probablemente lo reduciremos a 7.

Los apartamentos están bien, pero a la larga como no es tu casa se te hace un poco pesado, y estar todo el día fuera con el calor es impensable. Para el año que viene tenemos pensado algo más tipo villa o chalet. Veremos a ver si encontramos lo que queremos.

Ir con abuelos no digo que esté mal, pero todos en la misma casa es demasiado. Para el año que viene mejor cada uno por su lado y si algún día volvemos a coincidir, mejor cada uno en su casa.

¿Qué tal han sido vuestras vacaciones?

Un abrazo,