Ayer no empecé la tarde con buen pié y nunca mejor dicho…Cuando acompañaba a mi madre a probarse su vestido de madrinísima me dió un bajón de azúcar y se me habían acabado las pastis de glucosa. Decidí dejar a mi madre en la tienda y aventurarme a un kiosco cercano para comprar una fanta de naranja bien fresquita. Después de comprar la lata me dispuse a volver rauda y veloz a la tienda, donde imaginaba que mi madre estaría nerviosa perdida porque seguramente algo del vestido no sería como a ella esperaba. Pero no me dio tiempo a caminar mucho cuando noté como mi pie derecho se deslizaba irremediablemente hacia un lado, mis manos estaban las dos ocupadas, una con la cartera que no había guardado aún y la otra con la fanta. Caí en vertical hacia abajo sin freno alguno más que mi rodilla derecha. No sabría muy bien cómo explicar la posición, yo diría que era un poco ortopédica… umm espera que Desmadreando me ha dado la idea de hacer un dibujito y así os queda claro

Tengo que decir que las lágrimas brotaron en mis ojos casi instantáneamente, pero fui fuerte y las mantuve a ralla, ni una llegué a derramar, eso sí, la cara de dolor y sufrimiento no pude apenas disimularla junto con mi indignación ya que nadie acudió en mi auxilio!!! en qué país vivimos???? en fin, mantuve el tipo como pude y me dirigí al lugar donde mi madre estaba. Esperaba que al llegar a su encuentro me ofrecería todo su amor y me haría un cura sana, culito de rana de esos que hacen que se te pasen todos los males… pero yo, dónde me había golpeado, en la cabeza???? mi madre estaba a lo suyo. Sólo se molestó en recordarme, como había dicho minutos antes de mi desgracia, que se había caído el día anterior. La única diferencia con el relato previo era el actual énfasis en que su aterrizaje seguro que había sido mucho peor que lo mío (por cierto, yo creo que mi accidente fue castigo divino por decir que eso le pasaba por ir en zancos…). Por supuesto no perdió la ocasión de vanagloriarse por su pronta recuperación y ninguna queja frente a mis continuos lamentos…

A mí personalmente me parece un buen golpe…

Por si el dolor que sentía no fuese suficiente, no podía dejar de pensar en lo bonita que iba a quedar mi rodilla colorada en las fotos de la boda de mi hermano… Además esa misma tarde tenía pensado ir a la peluquería y en ese momento mis ganas era más bien pocas. Sin embargo la poca disponibilidad de tiempo hasta el evento me obligó a hacer de tripas corazón y pedirle a Juanpa amablemente que me dejase en la puerta del local para ahorrarme el paseo.

Tenía muchas ganas de visitar la nueva peluquería Metropolytan, cuando lo abrieron hace 4 meses nos sorprendió su estética, nos recordó mucho a algunos locales que habíamos visto en Manhattan. No sabíamos muy bien si era una una cafetería, una panadería, una peluquería o un restaurante. Tuvimos que acercarnos para comprobarlo. El local está diseñado con mucho gusto. Las líneas son modernas y los acabados muy limpios. Invita a entrar y conocerlo y eso hice por fin ayer mismo. Tuve muchas suerte porque a pesar de ir sin cita debí pillar un buen momento y no había mucha gente. Me recibió una chica encantadora que fue la encargada de conducirme por un ritual de aromaterapia y termoterapia que logró que por unos instantes me olvidase de todos mis males y me dejara invadir de paz y tranquilidad. En ese momento supe que había tomado la decisión correcta, ir a arreglarme el pelo sería mi mejor momento del día.

Después del ritual de relajación me condujeron al área técnica. Es un espacio separado donde se realizan los tratamientos y cortes. El local tiene varios ambientes, algunos están especialmente diseñados para favorecer la relajación con luces tenues y separados del resto, todos están muy cuidados. En particular, este área de trabajo me resultó muy acogedora. Tuve la suerte de compartirla con otra chica mientras disfrutábamos ambas de un magnífico coctel de caipiriña que me ayudo a superar otro momento de bajón glucémico. Se me pasó el rato de espera del tinte volando, cuando me quise dar cuenta ya estaba en el lavabo para pasar a puntas y recibir un magnífico tratamiento para aportar brillo al pelo. Normalmente no me resulta nada agradable que me laven el pelo en las peluquerías porque no soy muy fan de los lavabos de peluquerías, son de lo más incómodo. Sin embargo, esta vez fue diferente, las manos de la chica que me estaba atendiendo eran prodigiosas y el masaje craneocapilar que me dio una gozada, no me hubiese importado estar un rato más a remojo…

Después me condujeron a área principal para peinar y como seguía con el azúcar bajo me trajeron todo lo que pude necesitar para ayudarme a superarlo rápidamente. La verdad es que son buenas profesionales pero todavía mejores personas. Me trataron tan bien que me fui encantada de la vida y convencida de que volveré, a más tardar el próximo sábado a peinarme para estar de lo más mona el día de la boda de mi hermanito.

Bxssss