Parece que se ha creado cierta expectación con respecto a las incidencias o inconvenientes que sufrimos en nuestra primera escapada familiar, jejeje. Lo cierto es que es difícil que todo salga bien y aunque en mi cabeza había dibujado una imagen de perfección alrededor de este viaje la realidad no fue tan bonita. Yo creo que el principal problema fueron precisamente mis expectativas. Dado todo el tiempo que llevábamos sin salir busqué un sitio con mucho encanto y la verdad es que este lo era, pero barato no es que fuese, con lo cual esperas todavía más calidad en todo.  Los incidentes que tuvimos fueron de varios tipos algunos por el sitio, otros por la naturaleza otros simplemente por las circunstancias.

Incidente 1:

Nuestro primer incidente es de origen natural, os advierto que se nos pusieron los pelos como escarpias… Cuando llegamos al hotel aparcamos en el parking fuera del complejo, descargamos nuestros bultos y montamos a la peque en su carrito. Nos dirigíamos un poco cargados a la recepción cuando de repente una abeja o avispa (soy de ciudad) se coló en el carro y volando volando llego a meterse por la camiseta de Eva y posarse en su espaldita. Juanpa fue el que lo vió todo, comenzó a decirme, sácala, sácala y yo que no sabía que pasaba lo miraba y estaba tan blanco como el techo de nuestra casa. ¿Pero qué pasa? le dije, una abeja! en la espalda! suéltala! en ese momento me armé de valor (odio los bichos, insisto, soy de ciudad) quité la barra lo más calmada que pude, solté las correas de sus piernecitas y la cogí en brazos con cuidado. Sorprendentemente Evita estaba supercalmada, no quiero ni pensar qué habría pasado si llega a echarse para atrás o moverse como ella acostumbra… En fin, una vez en brazos le subimos cuidadosamente la camiseta y me concentré como nunca para darle un golpe a la abeja que movía sus diminutas patitas sobre la espalda de mi bebé. Conté hasta 3 lentamente y le arreé un zurriagazo que salió volando medio aplastada. Nuestro corazón iba a mil! no sabíamos si Evita podría tener alergia o el dolor que le podría haber causado, desde luego esa picadura habría marcado probablemente el final de la escapada. Pero no ocurrió, menos mal…

 Incidente 2: 

Un poco en estado de shock, pero realmente aliviados de que no hubiese ocurrido nada nos dirigimos a registrarnos, teníamos mucha hambre porque eran casi las 15h y solemos llevar un horario europeo de comidas, vamos que a las 14 solemos estar ya requetecomidos. El encargado nos acompañó a la habitación a dejar las cosas y por el camino nos fue enseñando el hotel. De camino nos pregunto qué queríamos hacer para comer y nosotros le dijimos que teníamos muchas ganas de probar el restaurante gastronómico Tierra, que cuenta con 2 Soles de la Guía Repsol y que está dirigido por el Chef Jose Carlos Fuentes, Cocinero del Año 2010. Habíamos leído muy buenas críticas de él y nos hacía mucha ilusión darnos el lujo. Sin embargo, esa idea no pareció hacerle mucha ilusión al encargado del hotel, lo primero que me sorprendió fue que preguntase si íbamos a ser sólo nosotros dos, pero ¿dónde pensaba este hombre que íbamos a dejar a la niña?  Le dijimos que por supuesto que no, que íbamos los 3 juntos. Entonces empezó a divagar, dijo unas cuantas cosas sin sentido hasta que al final acabo argumentando que claro la niña tendría que pedirse también un menú porque todos los comensales del restaurante tienen que pedir algo. En ese momento Juanpa y yo nos miramos y flipamos. ¿Desde cuando los niños en carritos tienen que pedir comida en un restaurante?

Estaba claro que no querían que una niña de 20 meses enturbiara el ambiente selecto de su restaurante carca lo que no entiendo es por qué tantos rodeos, dilo y ya está. Además, me sienta especialmente mal que antes de reservar envié un mail al hotel preguntando si había alguna pega por ir con un niño tan pequeño y me contestaron que ninguna. En fin, con cierto grado de indignación en mi cuerpo llegó la propuesta del caballero invitándonos a tomar la carta del restaurante Tierra en un salón ‘más informal’. Inicialmente accedimos. Cuando llegamos en el salón curiosamente sólo había otra familia con niños…. Estuve viendo la carta de los dos sitios y en ese momento me apeteció algo más ligero y dejar lo gastronómico para Juanpa que es mejor comedor que yo. Siguiente inconveniente: no se pueden pedir cosas de dos cartas distintas. Pero vamos a ver si estábamos separados por menos de 10 metros!!!! eso es falta de disposición y ganas y lo demás son tonterías. Con un cabreo considerable ya a estas alturas y doliéndome en mi bolsillo cada centavo invertido decidimos pasar del restaurante gastrocarca y pedirnos algo más de andar por casa. Lo cierto es que estaba muy rico, como dije en mi post de cosas buenas. Tardaron una eternidad en darnos de comer, tanto que no pedimos ni postre porque se nos echaba la merienda encima y preferíamos dársela en el cuarto.

 Incidente 3: 

La habitación, como primera impresión nos pareció perfecta, pero pronto empezarían a surgir las pegas. La primera de ellas tenía 8 patas y nos causa terror a mi chico y a mí. Si señores, por tercera vez, somos de ciudad. La araña tenía un tamaño gigante y era de esas que parece que si las aplastas van a sangrar y hacer crunch. Estaba en el techo y daba mucho miedo. Durante unos minutos Juanpa y yo estuvimos paralizados mirándola fijamente. No queríamos perderla de vista, eso hubiese sido terrible. El techo era muy alto con lo que acabar con ella no era tarea fácil. Por supuesto, no teníamos a nuestro alcance ningún tipo de palo de escoba ni nada con lo que golpearla. Tuvimos que hacer uso de nuestra mente creativa e idear una solución para matarla rápido y limpiamente, bueno, lo de la limpieza nos daba un poco más igual. Llamar a recepción nunca fue una opción, ninguno de los dos la propuso porque creo que nos sentíamos igualmente avergonzados por nuestro miedo irracional. Una vez más Evita nos sorprendió con su tranquilidad ante los acontecimientos que estaba presenciando. Finalmente nuestra solución fue plegar el carrito de juguete de eva, colocar una toallita del baño sobre las ruedas (teníamos de sobra), subirse Juanpa en una silla mientras yo controlaba el perímetro y matarla. Hicieron falta varias estocadas para acabar con ella, que lo sepáis. Después de eso comprobamos su defunción en la toalla y dejamos el cadáver envuelto en el baño…

Incidente 4:

 
Pasado este incidente decidimos revisar todo el cuarto en busca de congéneres y matamos alguna más pero de las que dan menos miedo. Usamos otra toalla porque la del cadáver gordo nunca más la volvimos a tocar. Tanta observación hizo que nos diéramos cuenta de algunos desperfectos del cuarto. El que más me llamó la atención fue las manchas del cabecero. No quiero ni imaginar qué hay que hacer para manchar un cabecero…  Parece que a Evita también le moló y no me hacía ninguna gracia que anduviese tocando por ahí así que de nuevo tiré del exceso de toallas y cubrí el cabecero para evitar que las tocase más.

Incidente 5:

Este siguiente incidente no tiene nada que ver con las fuerzas de la naturaleza, estábamos los 3 en el la terraza de la piscina tomando un refresco y turnándonos para vigilar a Eva cuando de repente en cuestión de segundos la vimos en el borde de la piscina, juraría incluso que con un pie levantado para meterlo dentro. De nuevo nos quedamos blancos, congelados, sin saber si gritar o acercarnos sigilosamente no fuera que del susto se cayera. No sé ni como no acabamos los 3 dentro del agua pero al final conseguimos evitar el remojón.

Incidente 6:

Otro incidente derivado de la naturaleza y aumentado un poco por la localización de nuestra habitación era la enorme población de moscas. Si os parece que la puerta de la foto tiene vegetación alrededor para acceder a la nuestra casi hacía falta un machete. Encima había cientos de especies voladoras, de tal forma que cuando abrías la puerta se te colaban dentro. Perdimos la cuenta del número de moscas que pudimos matar, con lo molestas que son…. La verdad es que una buena poda de la zona de la puerta y un poco de mata moscas no les hubiera costado tanto.

Incidente 7:

Otro inconveniente grande de la habitación y que nos dimos cuenta ya por la tarde durante la merienda, fue el olor. Había un extraño hedor a alcantarilla por una de las esquinas de la habitación, no se extendía a toda yo creo que por lo amplio que era el espacio. Yo desde luego quería cambiarme, pero Juanpa insistió en que no, se ofreció a dormir en ese lado y así tiramos para alante. Cada vez que pienso en lo que nos costó… En fin, al día siguiente el olor empeoró por eso decidimos adelantar nuestra partida, no sin antes dejar constancia del problema.

Incidente 8:

El último incidente del día fue la cena de Eva. La pedimos antes de las 20h para que nos llegara como a las 20:15h y no nos llegó hasta más tarde de las 21. Evita estaba que se caía de sueño, a duras penas podíamos mantenerla despierta. No contentos con la tardanza se dejaron la bandeja y cuando ya casi estaba dormida, llamaron por teléfono para recogerla! quién en su sano juicio en un hotel te llama a tu habitación a las 22h y pico si sabe que hay un bebé!!!! pero ahí no acabó todo, cuando ya estaban todos dormidos menos yo, van y llaman a la puerta! por supuesto no abrimos y no tengo ni idea de qué querían. Se llega a despertar Eva y me levanto a darles un capón.

Incidente 9:

 
El primer incidente de la mañana siguiente me lo he traído de recuerdo y es que recogiendo nuestras cosas para irnos, me choqué con la esquina de la mesita de delante del sillón y vi las estrellas del dolor. Así que este viernes al #15J llevaré una de mis piernas decoradas con un precioso morado made in Toledo.

Conclusiones:

Me lo pasé muy bien pese a todos estos inconvenientes y era realmente necesario que saliésemos de casa ya. Además nos sirve de entrenamiento de cara al verano. El hotel es bonito pero tiene muchas pegas y desde luego no es de lujo. Afirmo sin despeinarme que no vale lo que cuesta. Además no esta preparado ni es recomendable para ir con niños pequeños.

Un abrazo,