Voy a contaros cómo me fue el fin de semana en dos fases. He decidido comenzar con todo lo bueno que nos pasó y dejaré para el jueves el capítulo de los incidentes y cosas malas.

Como ya os adelanté aquí, nuestra idea para la primera escapada era no alejarnos demasiado de Madrid por si las moscas. Nunca habíamos hecho viajes de más de media hora o cuarenta minutos en coche con nuestra peque y no sabíamos cómo lo iba a llevar. Tomamos la decisión de salir después de su comida (12:30h aproximadamente) para hacer coincidir el trayecto con su siesta. La verdad es que fue todo un éxito, según se subió en el coche me dio la manita y se quedó dormida.

Llegamos a nuestro destino casi a las 15h. Nos encontramos en medio del campo en pleno Oropesa, en una finca reconvertida en hotel rural llamada Valdepalacios. Lo primero que hicimos fue dejar nuestras cosas en la habitación. ¡Menuda habitación! era enorme y tenía unas vistas espectaculares. El jueves ya os contaré alguna que otra pega, pero hoy sólo diré que era muy bonita.

 
Vistas desde el ventanal

A continuación nos dirigimos a comer, la carta no era muy extensa pero la calidad era muy buena. Nos pedimos de primero una ensalada verde y luego Juanpa quiso una hamburguesa que tenía una pinta increíble yo unas cigalitas a la plancha (no nos cuidamos mal, eh?).

Después de comer nos fuimos a la habitación a darle la merienda a Evita y salimos por fin a disfrutar del campo, que es principalmente a lo que habíamos ido. La finca es muy grande y el paisaje espectacular. Dejamos a la peque que corriera a sus anchas aunque le gustaba siempre ir cerca de alguno de nosotros. Estuvo jugando con las flores, con los bichos y con la tierra. Le encantaba regalarnos piedras a su padre y a mí. Yo me he traído la primera que me dio de recuerdo pero creo que Juanpa quiere tirarla, si es que no lo ha hecho ya, porque dice que soy una ñoña jajaja.

De vuelta al complejo cogimos su carrito de juguete y la dejamos jugar por los patios y jardines. Su energía es infinita, no paró de correr por todo el hotel, subía y bajaba con su carrito por cada escalón que encontraba e incluso se hizo amiga de unos perritos de piedra muy majos que adornaban el jardín.

Así pasamos jugando el resto de la tarde hasta las 20h, que fue cuando nos recogimos para la habitación y decidimos ordenar la cena allí mismo. Pensamos que sería una buena idea para poder acostar pronto a la peque que estaba ya reventada. Esta vez pedimos un sandwitch mixto con patatas, una tabla de quesos y una tortilla francesa para los tres. Eva cenó muy bien y se durmió en seguida. Pasó toda la noche sin decir ni pío, no la había visto dormir tan profundamente en mucho tiempo. Fijaos con qué pelos se levantó, estaba para comérsela.

Después de asearnos y vestirnos los tres, como a las 9h nos fuimos al comedor. El desayuno estuvo muy bien, había un montón de cosas para probar, dulces y salados, todo muy rico. A la niña le prepararon un tazón de leche caliente para que pudiésemos darle su papilla y también pico de alguna de las cosas que había por la mesa.

Después de desayunar decidimos irnos de excursión a conocer la zona del pantano de Cazalegas. Evita comió un arroz a la cubana por allí y cogimos de nuevo el coche para regresar a Madrid con la suerte de que volvió a quedarse dormida todo el trayecto. Antes de llegar a casa, hicimos una parada técnica en uno de nuestros restaurantes favoritos para comer nosotros y luego por fin, hogar dulce hogar!
 
Y con esto terminaría nuestra escapada de campo. El jueves os traeré el capítulo de incidencias y cosas que no fueron como esperábamos.

Un abrazo,