Hoy escribo este post un poco a modo de desahogo. Creo que acabamos de entrar de lleno en esa etapa cercana a los 2 años en que los niños se ponen muy pesados. Comienzan los enfados, rabietas, berrinches, pataletas o como lo queramos llamar. Evita se los coge con cualquier cosa, a veces incluso sin motivo. No llevo la cuenta de cuantas pataletas se puede coger al día pero puedo decir que son varias. Algo bueno es que le duran poco, sin embargo lo malo es que son de lo más sonoras. No siempre se pone a llorar a veces simplemente muestra su enfado o disconformidad en forma de gritos.

Eva siempre ha sido una niña más bien gritona. Ha tenido épocas mejores y épocas peores. Grita cuando está enfadada y también cuanto está contenta. Además, tiene un timbre de voz de esos capaces de taladrarte el tímpano, os juro que a veces sus gritos me duelen. Si juntamos esta manía de expresarse a voz en grito con los berrinches os podéis imaginar la poca tranquilidad que se respira en casa.

Una de las cosas que peor llevo es el salir de casa con ella. Eva es muy simpática cuando quiere, sabe llamar la atención de la gente con sus sonrisas y sus saludos. Cuando la gente le hace caso está en su salsa, sin embargo si no tiene toda la atención que quiere es cuando empiezan los problemas. Nunca me ha gustado llamar la atención, y llevar una niña dando voces por la calle no es precisamente pasar desapercibido. Así que me veo muchas veces cambiando mis planes o dándome media vuelta para no molestar al resto de la humanidad. Confío en que esto sea sólo una racha y que pronto sea capaz de controlar este temperamento tan marcado con el que nos ha salido la niña. De momento lo único que podemos hacer es no hacerla demasiado caso cuando se pone así y tratar de evitar situaciones incómodas.

¿A vosotros también os ha pasado? ¿Cómo lo manejáis?

Un abrazo,