Como bien dice Noemi, de “me gusta mi barrio“, tener un niño no tiene por qué pararte la vida y si bien la transforma para hacer nuevas cosas con él o ella, tampoco te obliga a renunciar a algunas de las cosas que hacías antes de que llegara a tu vida.Yo la verdad es que en mi primer año con Evita, no tuve tiempo ni ganas de hacer mucho más que ocuparme de ella y descansar cuando me dejaba. Sin embargo, ahora que ya es más mayorcita me permito a mi misma algunos ratos de ocio personal. Me encanta apuntarme a talleres, ir de compras con mi hermana o salir con mis amigas. No lo hago todos los fines de semana, pero de vez en cuando sí. Y la verdad es que es muy gratificante.

Adoro a mi hija, y necesito pasar mucho rato con ella, sobre todo los fines de semana porque trabajando es cuando de verdad hay tiempo de disfrutarla. Por eso procuro ajustar mis actividades extracurriculares a sus períodos de sueño. En este sentido fue ideal el taller el taller CNO de Grey Elephant que os conté aquí, su horario me permitió perfectamente dejar a la peque cenada y en la cama. Este fin de semana, por ejemplo, era el cumpleaños de mi amiga Erica y cuando mi peque se durmió me incorporé a la fiesta. Disfruté muchísimo de la compañía y la charla de mis amigas de siempre, me puse al día y lo pasé genial. Como siempre que salgo con ellas me despedí planificando la próxima quedada con muchas ganas de volver a estar con ellas. Sin embargo lo duro vino después. Llegué a casa a las 3 y pico de la mañana y caí como un tronco en la cama, pero Evita no perdona, y a las 8 y media aproximadamente nos levanta de la cama. Afortunadamente Juanpa es un sol y casi siempre me deja dormir un ratito más. Me acuerdo la primera vez que salí teniendo a Evita, aquel día nos levantamos a las 8 para darle el desayuno y me pase todo el día acordándome de por qué había decidido salir, con lo bien que se estaba en la cama… Ese día era imposible tratar conmigo, estaba de lo más gruñona. En una de mis múltiples quejas me acuerdo de una frase que me dijo Juanpa, entonces no me hizo tanta gracia, pero ahora me parece genial:

Te digo lo mismo que me decían a mi mis padres cuando salía: noches alegres… mañanas tristes.

Se me grabó a fuego en mi mente, mis siguientes escapadas me las pensé muy mucho mientras resonaba en mi cabeza la mítica frasecita y las consecuencias de mis trasnoches sobre mi persona. Hablando con amigos de trabajo me he enterado de que este tipo de frases son muy habituales entre padres e hijos. A Lourdes por ejemplo, sus padres le decían que el que es apto para trasnochar lo es para madrugar, jejeje. Qué grandes, yo me las guardo para cuando Eva sea adolescente.

Tengo que decir que gracias a que Juanpa es un cielo, y se ocupa muchas veces de Evita por  la mañana dejándome dormir un poco más, puedo hacer este tipo de escapadillas, porque para cuidar un niño y salir sin esa ayuda hay que ser un poco superwoman.  Por eso desde aquí hoy te digo gracias mi vida, te quiero!