Bueno, lo primero contaros que ya hace bastantes días que se le pasó su miedo repentino al agua, pero no he encontrado el momento para escribiros cómo ha sido. La verdad es que igual que vino, se fue. No creo que nada de lo que hiciésemos tuviese algún efecto en solucionar o agravar el problema. Nuestra teoría es que coincidieron una serie de circunstancias desafortunadas: la niña estaba mala, nosotros muy cansados, puede que cogiese algo más de frío, que le molestase más el agua o simplemente supiese que después le íbamos a sacar los mocos. Cualquiera de estas cosas o todas juntas pudieron desencadenar su miedo transitorio al agua. En realidad nunca sabremos la causa concreta. Pero un día dejó de protestar y se dejó bañar como de costumbre.

Sin embargo, no todo es de color de rosa, ahora el problema viene al sacarla del agua jeje. En fin, los niños son así, un problema se resuelve con otro nuevo :). Después de buscar por internet opiniones de gente que le hubiese ocurrido algo similar, nos dimos cuenta de que no era algo tan raro, así que a todos los papis que os ocurra esto os animo a ser pacientes porque es un problema transitorio que se les pasa pronto.

Ya estamos a mitad de semana! qué dura se hace la vuelta de las vacaciones 🙂