Hace unos días nuestra hija de 17 meses le cogió miedo al agua. Es algo que a su padre y a mí nos ha cogido totalmente por sorpresa. A mi peque siempre le ha gustado bañarse. Incluso si estaba llorando, antes en cuanto entraba en la bañera se calmaba, e incluso dejaba que le echásemos agua por la cabeza sin el menor problema. De pronto un día, sin incidente previo, según la metimos en el agua fue como si la hubiésemos sumergido en un bidón de ácido. La pobre empezó a llorar, qué digo llorar, a gritar y moverse como loca para todos los lados. Ese día la bañamos como pudimos y confiamos en que fuese un incidente aislado… No lo fue.

Al día siguiente fue imposible sentarla en el baño. Tiesa como un palo tratamos de bañarla como pudimos y después del infierno que pasamos y mojados hasta las orejas tardamos una eternidad en calmarla. Tuve que vestirla mientras ella estaba encaramada a mí como un monito.

El tercer día decidimos que me duchara yo con ella a ver si estando conmigo se calmaba un poco. En algún momento se mantuvo quieta y en silencio pero en general lloró bastante, así que en principio no nos pareció la mejor opción. Además, la nena se volvió a agarrar a mi como una lapa y lavarla era prácticamente una misión imposible.

El cuarto día decidimos volver al baño tradicional y con ello volvió el terror, no había manera de sentarla y mucho menos de callarla.

Otra vez decidimos probar suerte con un cambio de escenario. Esta vez probamos a bañarla en nuestra bañera llenando todo de juguetes e incluso acompañándolo de música para amenizar. Resultado: pudimos bañarla pero la niña sigue teniendo miedo al agua y no sabemos la razón.

En Internet hemos encontrado varias referencias de niños de edades parecidas a los que les ha pasado lo mismo, la mayoría dice que con el tiempo lo han superado. Como la niña está malita (para variar) ayer aprovechamos para comentárselo a  nuestro pediatra de confianza y la verdad es que por su cara yo diría que es la primera vez que oye hablar de este tipo de sucesos. Nos aconseja que la bañemos un día sí y otro no y la verdad viendo el trauma que le está resultando a la pobre esto del baño me parece una buena idea. Esperemos superar esta fase pronto y volver a la normalidad…Con lo bien que se lo pasaba la rata en el agua.

En fin, ser padre es toda una aventura de superación. Ya os contaremos cómo se resuelve esto.

Hasta pronto 🙂