Hoy es San Valentín. He vivido todos los días de San Valentines posibles. Sin pareja queriendo pareja para celebrarlo, sin pareja y sin querer pareja ni de lejos, con pareja esperando un regalo y con pareja sin esperar regalo. Tengo que decir que este año ha sido uno de los mejores. No esperaba ningún regalo. De hecho me considero muy afortunada porque tengo el mejor regalo de todos: una familia estupenda. El año pasado nació mi pequeña Evita que sin duda se ha convertido en el eje de nuestras vidas y si bien la vida es más compleja ahora me siento muy feliz. Juanpa ha demostrado ser el mejor papá del mundo y también un gran compañero. Es verdad que la vida en pareja, el romance por así decirlo, es más difícil con la llegada de un bebé al mundo, pero días como hoy hacen que te des cuenta de que sigue ahí. El romanticismo no ha desaparecido, sólo está un poco sepultado debajo de tantos juguetes, ropita de bebé y pañales. Esta mañana tenía un regalito dentro de mi bolso esperándome y cuando lo he visto (y me he dado cuenta de lo que era…) me ha hecho una ilusión tremenda. Por eso hoy estoy especialmente feliz, no porque me haya hecho un regalo (que también oye a todos nos gustan), sino por el detalle, por el esfuerzo que yo sé que cuesta el pensarlo e ir a comprarlo cuando no nos queda casi tiempo libre, y prepararlo todo para darme una sorpresita.

Muchas gracias mi vida, te quiero con todo mi corazón!