Hola de nuevo, uff como me cuesta escribir ultimamente… Espero que algún día me ponga al día con todo lo que me gustaría hacer y contar. En fin, como dije en la última entrada os contaría como resultó nuestra escapada a Valencia. Cosas del destino no pudimos escoger un día peor para ir, después de un verano estupendo y soleado fuimos un día lluvioso y bastante fresco.

Por la mañana madrugamos y nos dispusimos a coger el ave a las 7 de la mañana. Llegamos con poca antelación y no nos dejaron subir, vamos que nos cerraron el acceso al andén en las narices.

No nos quedó otro remedio que abonar el cambio de billete y esperar una hora. Desayunamos tranquilamente en la estación y con tiempo de sobra subimos al tren rumbo a valencia. Cogimos un asiento de 4 y tuvimos la suerte de no ir con nadie más con lo que colocamos la silla del stokke en uno de los asientos y la peke fue como una reina todo el viaje. Se echo hasta una cabezadita y todo.

En un abrir y cerrar de ojos estábamos allí, junto al mar. Lamentablemente el cielo estaba cerrado y llovía bastante con lo que nos tocó esperar a que pasara un poco y coger un taxi a la playa. Una vez más nos sorprendió la versatilidad de nuestro stokke. Cogimos a la nena tal cual en su sillita y la subimos al taxi, le abrochamos el cinturón y tan ricamente que iba ella en su salsa.

Cuando llegamos a la playa caminamos un rato por el paseo marítimo pero estaba todo cerrado y algo sombrío. Decidimos tomarnos un tentempié en el hotel Las Arenas. El hotel tiene una pinta estupenda y una localización inmejorable en primera linea de playa. Pudimos disfrutar de un té y un café mirando el mar, lo que ayudo a calmar mi mal humor por el mal tiempo. Después de descansar un ratito decidimos retomar el paseo y recorrerlo hasta el puerto. Poco a poco parecía que iba haciendo más calor y que incluso podría salir el sol.

Con ello nuestro ánimo iba mejorando. A las 12 nos sentamos en una terracita a darle la comida a Evita y tomarnos nosotros una cañita y por fin los primeros rayos de sol alcanzaron la arena. Poco a poco parecía que la gente se iba animando y acercando a la playa que ya no parecía tan desierta.

Decidimos entonces que Evita conociese la arena y nos metimos para adentro con ella. Anduvimos por la orilla y jugamos con las olas, parece que le encantó. Después de un rato de juegos era hora de comer y optamos por la tradicional paella en la Pepica. Todo lo que pedimos estaba muy rico y el ambiente era de lo más playero. Después de comer volvimos un rato a jugar a la playa, dimos otro paseo por la orilla y cogimos un taxi de vuelta a la estación.

Al final el día no fue tan malo como parecía y lo pasamos muy bien. ¿Quién dijo que en Madrid no hay playa? vaya vaya