Ya se acerca el final de nuestro Road Trip. En Santa Mónica pensábamos descansar un poco antes de volver y disfrutar de sol y playa. Sólo vamos a estar dos noches. El hotel elegido es el Fairmont Miramar, un 4 estrellas situado en la parte derecha del famoso Pier con el parque de atracciones. Al llegar, todo son amabiliades: ante el contratiempo de que la habitación no estaba lista nos ofrecen una bebida gratuíta en el bar junto a la piscina y la posibilidad de conectarnos gratis a internet. Lo cierto es que tuvimos que esperar como media hora y después nos habían subido el equipaje. La habitación tiene unas estupendas vistas desde la terraza de la playa y el Pier, gracias en parte a tratarse de una planta 7.

La primera tarde nos acercamos al Pier pasando por Pomenade Street (la calle peatonal con tiendas caras). Nos sorprende la cantidad de vagabundos con sus carritos llenos de cosas.

Al día siguiente alquilamos un par de bicis en la playa para ir hasta Venice Beach. El paseo marítimo tiene un carril bici de 35 millas, aunque no creo que recorrieramos más de 5. Venice es como en las películas, llena de hippies y mendigos con carabanas, tiendas de campaña y puestos callejeros. Por el paseo de bicis, vemos la Muscle Beach (gimnasio al aire libre), gente jugando al baloncesto, al paddel, patinando y haciendo surf. La playa es alucinante, tanto por las olas como por el tamañano. Es muy recomendable embadurnarse de protector solar, si no, preguntad a Laura por sus hombros y espalda…

Después de comer nos bajamos a disfrutar de la arena, las olas y el mar. El ambiente en la playa es bueno, lleno de gente tomando el sol y muchas familias. Además, está lleno de vigilantes de la playa y de baños y duchas. Un poco más tarde nos fuimos a la piscina del hotel y terminamos cenando en la Pomenade Street, que, además de tiendas, tiene un montón de restaurantes de todos los tipos.

Lo siguiente será devolver el coche en el aeropuerto e iniciar un largo viaje hasta Madrid haciendo escala en Nueva York. Nos vemos en casa!!!