Hola amigos,
hoy ha sido un día duro, pero hemos podido completar nuestro anterior viaje a Nueva York con típicas visitas que no pudimos realizar aquella vez.
Después de desayunar en Grand Central Terminal (precioso edificio que recordaréis de múltiples películas), hemos cogido el metro hasta South Ferry. Allí, y gracias a los tickets que habíamos comprado hace un mes, hemos podido subir a un barco que nos ha llevado hasta Liberty Island. La novedad es que hemos podido entrar en la Estatua de la Libertad. Lo cierto es que ha sido agotador: colas, colas y colas, muy a la americana bajo un sol de justicia. Pudieron ser cerca de tres horas desde que nos pusimos a la cola para entrar en el ferry hasta que pudimos subir los cientos de escalones que nos han llevado al mirador del pedestal.
Hay que reconocer que la isla impresiona en su conjunto, con la imponente estatua, los rangers organizando los cientos de turistas (tal vez miles) y las impresionantes vistas de Nueva York.

El ferry nos llevó de vuelta a South Ferry y ya eran sobre las
13.30, así que buscamos un sitio para comer. En esta ocasión comida rápida (y barata: por 11 dólares los dos), en un restaurante típico de los oficinistas muy cerca de Wall Street.

Después de comer decidimos continuar por la zona para hacernos algunas fotos obligatorias. Así, llegamos hasta el comienzo de Puente de Brooklyn. Cruzar dicho puente es una experiencia de lo más recomendable por el ambiente de los turistas, las vistas de la ciudad y la cantidad de fotos que ofrece para los aficionados. Agradecimos enormemente la vista en el negocio de vender botellas de agua por 1 dólar en cada esquina del paseo del puente. Esta vez, el tiempo no nos trata tan bien, con un poco más de calor del que nos gustaría.
Al llegar a Brooklyn, decidimos volver a Manhattan por la vía más rápida posible: taxi por el puente de Manhattan hasta China Town. El precio de los taxis es asumible en Nueva York para distancias cortas, en nuestro caso, por 10 dólares hacemos la carrera con unas vistas y una comodidad inmejorables.
El final de la tarde los dedicamos a recorrer las pintorescas calle de China Town para terminar en Little Italy. Hay que reconocer que el ambiente de China Town te traslada perfectamente a lo que podría ser un barrio de Pekín. Dejamos de ver blancos y negros para ver únicamente ciudadanos de origen chino y turistas, por calles llenas de comercios de productos típicamente chinos, en particular los de alimentación con algas deshidratadas e hidratadas, huevos negros, peces pescados hace más tiempo del conveniente, etc.
Por el contrario Little Italy no tiene nada que ver con una ciudad típica italiana. Es un barrio dedicado al turismo, las tiendas de recuerdos (camisetas y tazas) y los restaurantes italianos a la caza de turista: después de todo, tal vez sí que sea como una ciudad típica italiana…
Evidentemente, cenamos en una pizzeria 99% italiana: dos platos (como veis en la foto, uno de ellos era enorme) y dos bebidas por unos 40 dólares. Para lo turístico y animado del ambiente no podemos decir que sea caro.
El pie de Laura está aguantando todo este ritmo bastante bien. Aunque se le hincha, confiamos en el hielo y el voltarén para que vuelva a su tamaño original. Salvo eso, está dando todo lo que se pide, casi sin dolor. Aunque habrá que reducir el ritmo si queremos que llegue hasta el final. A partir de mañana lo aplicaremos.
Después de cenar, taxi al hotel y a organizar las fotos y escribir esta entrada antes de acostarme. Por cierto, tengo que agradecer a Grand Hyatt la amabilidad de poner wifi abierto en las habitaciones para facilitarme esta tarea.
Si queréis dar el mismo paseo que hemos dado nosotros, pero desde Picasa, os invito a visitar el álbum completo hasta el día de hoy: NuevaYork.
¿Ya tenéis ganas de ver por dónde continúa nuestro viaje? Pues aún no se sabe…