La siguiente parada de nuestro viaje nos lleva de nuevo hasta Las Vegas. Ya habíamos decidido alojarnos en otro hotel. El primero era el más moderno (el Encore) y esta vez vamos a probar un clásico: el Bellagio. Es famoso por su espectáculo de fuentes, luces y sonido que ofrece a los transeuntes de la Strip y los que se alojan en los hoteles de los alrededores en una altura adecuada.

Este hotel también nos parece impresionante. El ambiente era un poco menos juvenil y un poco menos hortera (aunque sin dejar de serlo). En este caso, la habitación, también de lujo, sólo encontramos la pega de que todo parece un poco viejo. Probablemente tengan habitaciones reformadas, pero no tuvimos esa suerte. Lo cierto, es que tenía unas vistas espectaculares de las fuentes y de la torre Eiffel y del Arco del Triunfo que decoran el Hotel Paris.

Esta vez sólo íbamos a estar una noche, por lo que nos dio tiempo a hacer menos cosas. Aún así, nos registramos como jugadores del casino, terminaron de desplumarnos las tragaperras, visitamos todos los restaurantes para elegir uno para cenar y recorrimos todas las tiendas. Nos hicimos fotos con la gigantesca fuente de chocolate de la pastelería y vimos el espectáculo de las fuentes desde la habitáción.

Ya por la mañana dimos un paseo en coche por toda la strip, desde el centro hasta el sur viendo los demás hoteles. La siguiente etapa nos llevaría hasta Los Ángeles y teníamos unos 450 kilómetros por delante. Eso sí, por una carretera excepcional.

Una de las paradas del camino la hicimos en un pueblo que tiene un local dedicado a los Ovnis del Área 51 y vende toda clase de productos del desierto (Jerky, cientos de salsas picantes y frutos secos) presentados por los propios ovnis. Por lo menos, fue entretenido mientras estirábamos un poco las piernas.

Llegamos a comer a las afueras de Los Ángeles, paramos en un pueblo que podría ser como Las Rozas para Madrid. En el centro comercial había un restaurante estupendo de comida americana: una hamburguesa con todo (cuando van 4 preguntas de la camarera, siempre contesto que con todo please), unos aros de cebolla, una ensalada gigante con pollo a la parrilla y todas las bebidas con los refill incluídos por 35 dólares.

Poco después entramos en Los Ángeles. Al principio parece una ciudad fea y descuidada, con casas bajas y mal ambiente en las calles. Pero la última parte de nuestro recorrido nos lleva a Beberly Hills y Rodeo Drive: aquí el ambiente es diferente. Todo esta lleno de deportivos y Prius conducidos por cacatúas.