Bueno, esta entrada la escribo ya desde casa. Resumiendo, la vuelta ha sido agotadora. Ha tenido dos partes, la primera a toda prisa, y la segunda muy lenta.

Ayer por la mañana nos levantamos temprano para cerrar las maletas, recoger el coche del parking, hacer el checkout del hotel y despedirnos de la playa, que nunca se sabe cuánto tiempo pasará hasta que volvamos a verla. Ya con el tiempo justo hacemos el camino en coche al aeropuerto y no conseguimos encontrar una gasolinera, no hay problema, al devolver el coche en la terminal de Herz del aeropuerto, nos cobran 17 dólares en concepto de la gasolina que le falta al depósito. Después nos ofrecen un autobús que nos lleva a la terminal de Continental para coger el avión.

La siguiente barrera la encontramos al facturar el equipaje. El sistema informático se cae una y otra vez sin permitirnos imprimir las etiquetas de las maletas. Mientras, tenemos tiempo de pesar tranquilamente las maletas, una pesa 54 libras y la otra 43. Si no conseguimos que ninguna supere las 51 libras nos cobrarán 50 dólarés de sobrepeso. Así que cambiamos de maleta un par de vaqueros y unos botes de cosmética e higiene. Resultado: la maleta grande pesa 50 libras y la pequeña 47. Al final nos imprimen las etiquetas de las maletas manualmente, eso sí, las facturamos con destino Madrid aunque hacemos escala en NY. Ya sólo quedan 45 minutos para que salga el avión.

Pasamos el control de policía con registro de mochila incluido, compramos un café para desayunar y vamos directos a la puerta de embarque. Siguiente problema: retraso de casi 3 horas por problemas metereológicos en Chicago (aeropuerto de origen del avión que cogeríamos). Finalmente, el retraso en embarcar se queda en una hora y media. Después, problemas mecánicos (parece ser que un agujero en el fuselaje cerca del depósito de carburante), nos retrasamos una hora más en salir.

Unas 6 horas de vuelo después llegamos a Nueva York. Con solo 30 minutos para coger el siguiente avión, cuando habíamos previsto una tranquila escala de 3 horas. Por suerte, se retrasa 30 minutos más y podemos coger el avión y nuestras maletas también. Algunos de nuestros compañeros de vuelo no tienen tanta suerte y pierden sus conexiones. Como conclusión sacamos, como siempre, que el trasporte aéreo es el que causa más frustraciones a los usuarios: retrasos, esperas, traslados desde las ciudades a los aeropuertos, falta de seriedad de las compañías y gestoras de aeropuertos; son algunas de las causas de dichas frustraciones.

Por delante nos queda recoger las maletas, quedar con familia y amigos, poner innumerables lavadoras, hacer la compra de reabastecimiento y recuperarnos del jetlag. Todo esto mientras nos lamentamos de lo cerca que está la vuelta al trabajo. Sin embargo, la experiencia, siempre compensa.