La jornada de hoy se ha centrado en la visita a Alcatraz. Se trata de un parque nacional custodiado, como todos los demás, por Rangers. Ya los habíamos visto anteriormente en Liberty Island y son de lo más pintorescos. Habitualmente son mujeres y hombres de cierta edad que están completamente dedicados a atender a los turistas en conseguir que la visita sea más entretenida.

Bien, como os decía, esta mañana nos trasladamos hasta el Pier 31 de donde salen los cruceros que van a la Roca. Famosa por multitud de películas, antiguas y modernas ambientadas, casi siempre, en situaciones de intentos de escapada. Inicialmente, la isla era una instalación militar donde más tarde se alojó una prisión militar. Desde los años 30 hasta los 60 (más o menos), se convirtió en una cárcel federal de máxima seguridad. Se decía que era imposible escapar con vida, sin embargo, hasta tres presos lo consiguieron durante el período que fue prisión federal.

La visita comienza con un crucero que proporciona muy buenas vistas de la ciudad de San Francisco, del Golden Gate y de la propia isla de Alcatraz. Al llegar, te dan una audio guía en tu propio idioma que te va guiando por todas las instalaciones. A la vez que realizas el circuito, la guía te va contando batallitas sobre la cárcel. Lo cierto es que, aunque dura bastante rato, no se hace largo porque resulta bastante entretenido. El interés en la visita a la Roca se reduce a eso, a entretener durante una mañana. Al parecer existen otros cruceros por la bahía de San Francisco que proporcionan las mismas vistas, que cuestan más baratos y para los que no hay que dedicar tanto tiempo.

Para cuando el barco nos dejó en Embarcadero ya era la hora de comer, por lo que buscamos un típico restaurante de marisco de la zona del puerto y pedimos el famoso Crab (es un cangrejo grande similar a un buey de mar).

Después de comer buscamos un tranvía que nos llevara cerca del hotel para movernos por la zona. Tras descansar un rato, recorrimos la zona comercial que rodea nuestro hotel. Nos enteramos de que el restaurante del hotel (Ducca) es uno de los mejores de la ciudad y decidimos probarlo. Lo cierto es que, aunque se trata de un restaurante un poco caro, la calidad compensa el precio: 60 dólares más propina por una tabla de quesos presentados con frutas, membrillo y almendras, unos pimientos del padrón con una mayonesa deliciosa y un pollo asado con verduras al horno y huevo. A esto hay que sumar el pan y un aceite excepcional y dos bebidas. Las raciones son abundantes.

Mañana tenemos que levantarnos temprano para ir a recoger el coche. Nuestra intención es dedicar el día a hacer una ruta panorámica en coche por la ciudad que ya tenemos planificada.